Da un pequeño trago a su copa y se gira, quedando frente a la mesa. Coge un pequeño trozo de algún postre cuyo nombre es casi imposible de recordar y se limpia la boca con una inmaculada servilleta blanca.
-¿No bailas?
La voz a su lado es romántica, melodiosa y dulce. Ya sabe de quién es, por supuesto. Reconocería aquella voz que tantas cosas bonitas le había susurrado estos días al oído en cualquier sitio, cualquier lugar...incluso en un baile de máscaras con la corte veneciana. Pandora aún se pregunta qué coño está haciendo allí, pero por lo visto, no se había equivocado.
No se da la vuelta, como él espera que haga, por lo que la coge de la cintura y deposita un suave y cuidadoso beso sobre su cuello. Ella ríe entre dientes, sin poder evitar el rubor en sus mejillas.
-¿Aquí? -murmura poniendo sus manos sobre las de él-
-El lugar no es el problema. -susurra con sensualidad junto a su oído.
Finalmente, atraída por el deseo de rozar sus labios, se da la vuelta, aún entre la atractiva cárcel que presentan sus brazos a su alrededor, pero una máscara se interpone entre ellos. Hace una mueca, lo que produce en él una ligera carcajada. Ella por su parte,no puede evitar sonreír ante el sonido de su risa. Sin que ella se de cuenta, Anthony, atrapa una de sus manos entre las de él y pega su cintura a la suya, enzarzándose en un armonosioso y elegante baile entre ambos. Se mueven por toda la sala con arrogancia, sin importar las miradas furtivas de otros. Sus miradas están pegadas la una a la otra, diciéndoselo todo en silencio.
La música se va ralentizando, la gente se marcha lentamente, hasta que solo se deslizan ellos dos sobre la pista, con su particular movimiento de cuerpos. Anthony pasea la mirada por el lugar, vacío, ahora y sin previo aviso la coge en brazos y corre con ella hacia la puerta, donde un elegante y clásico deportivo les espera con la puerta abierta. Entran dentro, quitándose las máscaras casi al mismo tiempo. Sus labios, por fin, se encuentran con desesperación....
La música se va ralentizando, la gente se marcha lentamente, hasta que solo se deslizan ellos dos sobre la pista, con su particular movimiento de cuerpos. Anthony pasea la mirada por el lugar, vacío, ahora y sin previo aviso la coge en brazos y corre con ella hacia la puerta, donde un elegante y clásico deportivo les espera con la puerta abierta. Entran dentro, quitándose las máscaras casi al mismo tiempo. Sus labios, por fin, se encuentran con desesperación....

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