Conduzco mi Cadillac azul. Mi pelo se agita con el viento, mis ojos van cubiertos con unas gafas de sol de la época y mi cuerpo viste una camiseta sin mangas blancas y unos pantalones vaqueros cortos. Por aquellos tiempos, las mujeres no solían vestir así. Tampoco hacían viajes en coches, como yo en este momento. El sol se está poniendo ya, el cielo se tiñe de un bonito color anaranjado y violáceo. La carretera está vacía, solo un par de caravanas aparte de mí misma. Paseo la mirada por el lugar. No llegaré a Nevada antes del anochecer, así que me quedaré por aquí, cerca de algún camping.
Acelero, localizando con la vista un par de bombillas juntas. A medida que me acerco, escucho el cálido sonido de las guitarras, las palmadas y las risas. También hay un perro que ladra jugando con unos niños. Aparco con habilidad junto a una de las furgonetas y bajo del coche, quitándome las gafas en el acto. Cierro la puerta con la cintura y camino hacia los campistas.
-¡Hola! -saludo con mi mejor sonrisa.- ¿Hay sitio para uno más? -ladeo la cabeza, colocando las manos tras mi espalda.
-¡Siempre! -contesta una mujer de pelo teñido, corto y rizado, atado en un estrafalario moño tras su nuca, con algunos mechones de pelo cayéndole sobre su pálida y pecosa piel. Sus labios gruesos se curvan en una sonrisa, mientras con un gesto de cabeza indica a un hombre rechoncho y casi calvo, que viste sandalias y una colorida camisa de flores, que traiga una silla para mí.La mujer va ataviada con un enorme caldero gris, que tiene intención de colocar sobre una mesa de plástico amarillento.
-Te ayudo -amplío mi sonrisa, me coloco las gafas en el pelo y lo cojo entre mis manos con facilidad, para colocarlo en medio de la mesa. -Así mejor -asiento, chocando ambas manos como si hubiese hecho un gran esfuerzo. Me giro para mirarla y le tiendo mi mano- Pandora, un placer.
-Stephi. -me la estrecha con calidez. -Y él es Charlie. -señala al hombre gordo, que trae la silla y una botella de vino.
Charlie se limita a asentir una vez.
-Encantada, Charlie. -sonrío y me meto las manos en los bolsillos.
-¡Niños! ¡Rail! ¡A comer! -grita Stephi poniendo la cubertería de plástico sobre la mesa.
De pronto, de detrás de la furgoneta, aparecen dos niños del mismo tamaño, con el perro tras ellos y un joven de unos veintitantos años, pelo castaño oscuro y piel ligeramente bronceada. Sus labios, carnosos y rosados, se curvan en una sonrisa que deja al descubierto su perfecta dentadura, al contemplarme. Durante un segundo, me siento avergonzada y extrañada, por lo que paso una mano por mi pelo y le correspondo con la misma sonrisa.
Nos sentamos en la mesa a comer. Pasta con albóndigas. Mi plato preferido. Puesto que no cabíamos todos en la mesa, nos separamos para dejar a los niños y utilizamos como soporte nuestro propio regazo. Rail y yo, no dejamos de enviarnos miradas furtivas durante la cena. Miradas que eran capaces de ruborizarme y hacerme sentir un cosquilleo bajo la ropa.
Al terminar, ayudo a Stephi a limpiar la pequeña cocina de la caravana. Me cuenta que llevan tiempo de un lado para otro, buscándose la vida. Tienen problemas, pero nunca pierden la sonrisa. Son felices, a pesar de todos, pues se sienten afortunados por lo poco que tienen.
Cuando casi ha dado la media noche, todos los campistas, y yo, nos reunimos en un círculo para cantar canciones, tocar la guitarra y charlar. Rail se sienta frente a mí y apenas dice nada. Se limita a mirarme con esa intensa mirada de ojos negros que tiene. Yo, por mi parte, dialogo con unas jóvenes soñadoras que se encuentran a mi lado.
Le veo levantarse y marcharse en silencio a una de las caravanas. Me disculpo con las chicas y le sigo, sin decirle nada. Toco la puerta y espero escuchar su ronca voz permitiéndome el paso. Una vez lo hace, con el corazón latiendo dentro de mi pecho a mil por hora, abro la puerta y subo también. Dentro, todo está a oscuras. Solo una vela al fondo, junto a una cama. Paseo la mirada por el estrecho lugar, pero no le veo.
De pronto, siento unos brazos rodear mi cintura y besar mi cuello con suavidad y lujuria a la vez.
-Estás aquí. -murmura con sensualidad junto a mi oído.
-Hm. -me limito a contestar,girándome para poder encontrar mis labios con los suyos...