Sonreíste.
-Oh, Pandora, eres tan hermosa...-suspiraste, agarrando mi rostro entre tus manos.
Ladeé la cabeza, apoyándola sobre tu palma. Cerré los ojos, escuchando cómo me decías que me querías.
-Durante toda la eternidad, hermosa dama, te querré siempre.
Asentí, creyéndome todo cuanto me decías.
-Andrew, apuesto y dulce Andrew, bésame. Posa sus labios sobre los míos como si el mundo se nos fuese en esa dulce caricia.
Me besaste.
Sentí calor bajo mi apretado corsé y las múltiples capas de ropa que llevaba. Zafaste las horquillas de mi pelo, con cuidado para no hacerme daño.
Me sentí viva, joven y querida por primera vez después de la muerte de mi familia.
Te miré, ligeramente asustada y nerviosa. Era mi primera vez con un hombre.
-¿Es esto lo que quieres?-susurraste contra mi hombro, besándolo después con dulzura. Gemí-¿Estás segura, Pandora?
-Quiero ser tuya-contesté en el mismo tono de voz.
Y me hiciste el amor.
Me besaste como hasta ahora nadie lo ha hecho, fuiste el primero en acariciar mi cuerpo y disfrutar de mi condición de mujer.
A la mañana siguiente, cuando desperté estabas a mi lado, sentado en una silla de madera acolchada, inclinado sobre una hoja y un trozo de carboncillo en la mano.
Un mechón castaño te caía sobre el rostro, como una cascada de chocolate.
-No te muevas, vida-susurraste.
-Oh, Pandora, eres tan hermosa...-suspiraste, agarrando mi rostro entre tus manos.
Ladeé la cabeza, apoyándola sobre tu palma. Cerré los ojos, escuchando cómo me decías que me querías.
-Durante toda la eternidad, hermosa dama, te querré siempre.
Asentí, creyéndome todo cuanto me decías.
-Andrew, apuesto y dulce Andrew, bésame. Posa sus labios sobre los míos como si el mundo se nos fuese en esa dulce caricia.
Me besaste.
Sentí calor bajo mi apretado corsé y las múltiples capas de ropa que llevaba. Zafaste las horquillas de mi pelo, con cuidado para no hacerme daño.
Me sentí viva, joven y querida por primera vez después de la muerte de mi familia.
Te miré, ligeramente asustada y nerviosa. Era mi primera vez con un hombre.
-¿Es esto lo que quieres?-susurraste contra mi hombro, besándolo después con dulzura. Gemí-¿Estás segura, Pandora?
-Quiero ser tuya-contesté en el mismo tono de voz.
Y me hiciste el amor.
Me besaste como hasta ahora nadie lo ha hecho, fuiste el primero en acariciar mi cuerpo y disfrutar de mi condición de mujer.
A la mañana siguiente, cuando desperté estabas a mi lado, sentado en una silla de madera acolchada, inclinado sobre una hoja y un trozo de carboncillo en la mano.
Un mechón castaño te caía sobre el rostro, como una cascada de chocolate.
-No te muevas, vida-susurraste.
Sentí mis mejillas arder. Tus ojos color miel recorrían mi cuerpo, apenas levemente tapado por una sábana blanca. Sentía fuego bajo mi piel allí donde posabas tu mirada.
No aparté la mirada de ti ni un segundo, admiré tu belleza, te amé. Sentí unas ganas enorme de levantarme y abrazarte, pero me abstuve. Estaba tan quieta que casi parecía que no respiraba.
Respiraste hondo y admiraste el trabajo hecho. Sonreíste, claramente satisfecho. Me acerqué a ti y me lo enseñaste.
Lo contemplé asombrada.
Era yo, dormida. La sábana tapaba mi sexo, pero dejaba al descubierto mi pierna izquierda y mi seno derecho. La mitad de mi melena reposaba en el hueco entre mi cuello y mi hombro y la otra sobre la almohada, tan roja que parecía sangre.
Besaste mi cuello y bajaste por mi espalda, mientras yo miraba embobada del retrato.
-Te gusta-no era una pregunta.
-Así es-me giré y te besé dulcemente.
-Te quiero.
-Ajá-me limité a decir mientras marcaba tu piel con mis besos.
-Así es-me giré y te besé dulcemente.
-Te quiero.
-Ajá-me limité a decir mientras marcaba tu piel con mis besos.
Volvimos a hacer el amor. Esta vez con menos inseguridad y cuidado que antes.
Me levanté desnuda y me dirigí a la cocina de tu pequeño apartamento. Me gustó sentir la madera del suelo bajo mis pies. Serví dos copas de vino y las llevé a la habitación. Descansabas leyendo algún poema de tu autor preferido.
Te di la copa y bebiste. Me cogiste en brazos y me llevaste al baño, besándome. Abriste el agua caliente, empapándonos mientras me acariciabas. Nos acostamos en la bañera, yo sobre ti, sintiendo como tus caricias y tu miembro rozaban mi sexo. Encendiste las velas, sin dejar de tocarme con tus delicadas manos. Tu lengua bajó por mi cuello, saboreando mi piel. Me pegué más a ti, jadeando, sintiéndote…
Recuerdo aquellos espléndidos días, casi una semana de pasión y lujuria, en la que el sexo se había convertido en nuestra única actividad y tus besos eran el único alimento que ansiaba mi cuerpo.
Aquellos días antes de que desaparecieras…
Recuerdo aquellos espléndidos días, casi una semana de pasión y lujuria, en la que el sexo se había convertido en nuestra única actividad y tus besos eran el único alimento que ansiaba mi cuerpo.
Aquellos días antes de que desaparecieras…
Sigue escribiendo ;)
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